miércoles, 3 de septiembre de 2014

Discurso de graduación 2013/2014

Queridos ahijados:

Hoy tengo una maravillosa oportunidad al hablarles el día de su graduación. Es para mí un honor estar aquí. Estoy muy feliz y agradezco a D--s poder compartir estas palabras con todos.
Recordar es volver a vivir.

Ustedes ya lo dijeron y, acertadamente, han colocado el nombre a la promoción con la que comienzan otra vez mirando al futuro. A lo largo de todos estos años de vida, lo que han estudiado, lo compartido y lo aprendido, deben constituir su principal equipaje, no se lleven nada de más… las cosas que nos pasan sólo se convierten en experiencia cuando hemos aprendido de ellas, a celebrar las alegrías y a no repetir los errores. Por eso hoy elegí hablarles de aquello que para mí vale la pena recordar y tomar en cuenta para la vida.

En su paso por el colegio, quienes hemos sido sus maestros y profesores quisimos darles herramientas para que puedan encontrar su espacio en el mundo. Hemos querido ir más allá de contenidos y conceptos de literatura, arte, historia y ciencias, que si bien cuando son aplicados permiten el desarrollo de la humanidad en todas las áreas, dejan un vacío cuando los conceptos no pasan de ser una colección de conocimientos. Allí, es cuando cobra significado la educación que más allá de ir cabeza a cabeza, va de corazón a corazón.

Muchachos para mí se aprende para hacer. En este momento Venezuela, y el mundo en general, requieren personas que además de ser profesionales elijan hacer el bien, personas que cuando puedan hacer algo incorrecto, algo que está mal, o cuando puedan no hacer nada, decidan por sí mismas en su lugar, hacer lo correcto, lo que es honesto y lo que corresponda, no sólo por cada uno, sino también por el prójimo. Al final todos estamos conectados. Recuerden entonces que el bien que se siembra hoy es la semilla que germinará mañana en cada una de nuestras vidas.

Yo sueño con un mejor país y un mundo donde además de querer avanzar más rápido que la velocidad de la luz, nos esforcemos también en conectar con el otro a esa misma rapidez, desde lo humano, en cada una de nuestras acciones, y donde a partir del respeto mutuo, la palabra y la buena voluntad sean las únicas armas requeridas para resolver los conflictos.

Comparto mi sueño con ustedes, mis alumnos, porque quiero que sepan que cada uno es esa semilla de cambio. El mundo que yo sueño no es utópico y comienza con querer ser mejores. En primer lugar ser mejores personas, que además de ser buenos en su oficio, en su carrera, sean responsables y decentes. Ser mejores personas es lo que nos prepara para ser mejores padres, ser mejores padres es lo que nos hace tener una mejor familia, una mejor sociedad, un mejor país. No olviden que cada uno puede cambiar al mundo con la transformación de sí mismo.

Todo siempre comenzó con un sueño. Todo lo que tenemos a nuestro alrededor comenzó mucho antes de existir en la cabeza de alguien que primero lo soñó.
Sean conscientes de que todos podemos soñar.

Ser joven significa tener un poder. El poder de hacer las cosas que uno sueña. El poder de hacer las cosas que uno quiere. Aquél que hace las cosas que sueña, sin importar la edad, siempre es joven.

A medida que transcurra la vida recuerden que tienen ese poder y que está en sus propias manos. Sean conscientes también de lo bendecidos que son con cada una de las razones que tienen, en este mismo momento, para sonreír. Ese ser conscientes del presente es también la llave que abre la puerta a la felicidad.

Muchas veces me preguntaron qué hacía una persona que estudió química dando clases en bachillerato. Yo estudié química porque me intrigaba saber cómo era que una sustancia se transformaba en otra, ¿por qué todo lo que nos rodea cambia? Además de estar cautivada con el sueño de los primeros químicos, los alquimistas, en su afán de convertir los metales comunes en oro.

Hoy puedo compartir con mis colegas y sentirme orgullosa de haber encontrado el lugar donde ocurre la verdadera transformación química. La conversión de un átomo en otro tiene la misma esencia que la conversión de una persona en otra diferente a la que es.

Nuestra esencia para crecer es el cambio, y eso ocurre frente a mis ojos cuando un joven es capaz de encontrar su propio brillo y transformar su luz en energía que sea útil para él y para quienes le rodean.

Ustedes, que hoy quieren crecer para convertirse en adultos, que buscan su camino e intentan labrar su independencia tienen ese poder de cambio. Consigan la luz dentro y hagan la alquimia.

A medida que crezcan en algún momento las cosas les parecerán difíciles y habrá incluso momentos en que pensaran que no pueden. A todos les digo: No duden de ustedes. Recuerden que tienen la ligereza de ser un principiante, menos seguro de las cosas, pero con la libertad para ser ustedes mismos. Sin engañarse ni engañar. Sigan a su corazón y confíen en su intuición, así encontraran las respuestas y trazaran el camino. Es el momento de ver hacía adelante muchachos, más allá de las paredes y de todo lo que está de frente a sus narices. No se dejen llevar por el desaliento ni escuchen a quién les diga “No puedes”. Sepan que no existen las limitaciones sino las mentes limitadas. Por más largo que sea el camino recuerden que no somos infalibles ni perfectos: somos seres humanos con virtudes, defectos y lo que nos hace grandes es aceptar con humildad que todos somos también aprendices y tenemos un camino por delante.

Para finalizar, les diré lo mismo que les diré a mis hijos:

Sean generosos con su amor porque es el ingrediente que le pone sabor a la vida y sean generosos con su tiempo, porque así es como se va construyendo, día a día, momento a momento, y es de esa manera como podemos hacer del campo uno fértil, para sembrar nuestras semillas y cosechar los frutos que queremos recoger. Recuerden que nada de lo verdaderamente valioso se consigue sin esfuerzo.

Sobre todo, hagan lo que hagan, no olviden a su país. Cuando reflexiono sobre Venezuela la comparo con un adolescente, como cualquiera de ustedes, como lo fuimos todos, como un aprendiz, inexperto para muchas cosas porque es joven y está en busca de las herramientas que necesita para crecer, para encontrar su identidad, a veces a tientas, a veces pidiendo ayuda, a veces sin saber cómo pedirla…

Éste momento es inédito en nuestra historia, pero también muy importante, parafraseando a Albert Einstein, cualquier crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Como país nuestra valía no se encuentra en las decisiones ni en las políticas de un gobierno. Está, precisamente, en cada uno de los ciudadanos que se levantan todos los días para trabajar, estudiar y dar siempre lo mejor de sí mismos. Esa es mi esperanza, y es mi deseo que también sean sus manos las que hagan y trabajen por la construcción de la Venezuela que todos soñamos…

Recordar es vivir. Así comencé a hablarles. Recuerden entonces que al final el ser humano no se pregunta acerca del significado de su vida. Es la vida quien le pregunta a él. Una pregunta que cada ser humano sólo puede responder a la vida con su propia vida.


Los quiero mucho, nunca los voy a olvidar, muchas gracias a todos por su atención…

Mariana Graterol
Caracas, 23 de Julio de 2014 (Días inolvidables y éste...)

Luna nueva

Me prometí a mi misma no olvidar respirar y agradecer por las bendiciones que tenemos todos los días. Respirar es un milagro, se tienen que dar, a veces simultáneamente, a veces, consecuentemente un número de procesos y reacciones químicas, para abrir los ojos y recibir la luz del sol.

Hoy es el sol el que me levanta, siento su calor y agradezco el milagro de estar viva. Hoy bajo la luna más grande recuerdo mi promesa y sonrío.

La vida está en los pequeños detalles que encontramos en el camino. No en el destino. Cuántas veces no he escuchado esa frase, que puede caer ya en cliché, pero cuánto trabajo y cuánta consciencia requiere en verdad "saberlo" , y no darlo por sentado.

No soló las metas cumplidas forman parte de la materia que constituyen los sueños. No. También, y quizá más importante aún para el aprendizaje, es recordar el momento en que dimos el primer paso para comenzar el camino y cómo ese camino se fue construyendo día a día con un Hola, buen día, el café de la mañana, la sonrisa de alguien desconocido, el arcoiris que se dibuja en el cielo, las gotas de lluvia que caen sonoras contra el techo, una mariposa que pasa, el poder sentir, el milagro de creer...

Agradezco a mis compañeros de tantos viajes, externos e internos, ustedes saben quiénes son, porque están en mi corazón.

Declaración

(Revisando mi diario conseguí este poema, amor, amor, amor...)

Lo que siento por ti llena toda mi cabeza,
Es tanto así que he pensado en rozar la locura…
para perder un poco de razón

y tener más libertad al quererte…

¿Cómo le pongo un nombre a lo que siento por ti?
Nombrarlo sería limitarlo
traerlo a la tierra, sacarlo de lo mágico
quitarle la categoría de universal…
sería definirlo,
para empezar a acostumbrarnos…

Si no tienes necesidad de cerrar los ojos para soñar,
si se te acabaron las sonrisas para reírte conmigo,
si se te fue la inocencia de creer en las casualidades,
si no te quedaron ganas de burlarte de aquello que el destino escribió para ti...
entonces,
debo decirte que empezaré a pensar en guardarme esta conversación para mí.

¿Cuántas razones se necesitan para convencer a tu corazón?
…de que está hecho para el amor,
dime un número y yo por ti lo multiplico por mil,
te doy mis razones y me invento algunas también para ti

¿Cómo se buscan los argumentos para explicar el amor?
no te puedo decir cómo,
es algo que se siente y debes descubrirlo tú mismo…
...
y claro…
estas líneas soy sólo yo escribiéndote
porque aun no se me acaban las ganas de abrazarte
porque aun no se me acaban las ganas de quererte
y, sí,…
lo que siento por ti es tanto pero no alcanza para tocarte,
si no estás dispuesto a sentir algo de amor por ti…

Mariana Graterol 2009

sábado, 7 de diciembre de 2013

30

Hay imágenes de un viaje que hablan por sí mismas, que capturan la esencia de lo vivido, del lugar y la compañía y, de alguna manera u otra, conservan en la foto los pasos dados para iniciar el camino...Acá van 30 de esas, de mi colección para mostrar. El viaje comenzó y continúa...Dentro y afuera @siguelaquimica

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martes, 26 de junio de 2012

Sin Título (No me gustan las despedidas)



Tic, tic, tic sonaban las gotas de lluvia cayendo imponentes sobre los techos de los carros estacionados afuera. La ventana y la puerta entrecerradas dejaban pasar una brisita que me helaba los pies. Miraba hacía la puerta y se llenaron mis ojos de lágrimas, derramándose por la misma ley física que la lluvia cae, sólo que con diferente motivo.

Sentada frente a la mesa, con los pies descalzos entrelazados sin alcanzar el suelo, inspeccionaba cada rincón del cuarto donde me encontraba. Tengo frío me dije a mi misma (es decir, lo pensé). Continuaba esperando a que se abriera la puerta...

En mi mente el piano se dejaba escuchar con unas cuantas notas desprendidas de las teclas:

Cada día alguien me habla de ti
intentando sacar el dolor de mi alma


― ¿Mamá... eres tú?― pronuncié entrecortada. Atreviéndome a romper un momento el silencio con mi voz. 
La música va in crescendo...  

Cada día alguien me habla de ti
intentando explicarme que ya no volverás


  Al fondo del salón un sofá naranja de cuero frente a un televisor apagado. La penumbra dibujaba a ratos los objetos entre el vaivén de la llama de una lámpara que servía de fuente de luz. Mi estómago era azotado por punzadas que hincaban fuerte, con la intensidad de la penumbra.― ¿Estás allí?― continúe preguntando.

El silencio continuó sin responder.

Abro el cuaderno para refugiarme en el único lugar que no es ajeno para mí en esa casa. Me recuesto sobre el espaldar de la silla, desde allí veo el closet, trajes, vestidos guindados, las sandalias sin estrenar en sus cajas, una mesita de noche con el libro de Vargas Llosa sobre ella (el que nunca terminó de leer), la cama sin hacer; y cierro los ojos para continuar escuchando la melodía...

Pero de noche cuando ya no hay luz
cuando todos se van
tú caminas despacio
entre mis sueños estás
no eres sólo un recuerdo
yo te siento tan cerca que pareces real...


¡Zuas!― se cerró la puerta de golpe. La lluvia arreció y sonaban truenos que esparcían relámpagos en la oscuridad de la noche. La llama iba y venía, ahora haciéndose cada vez más débil. Logro empuñar el lápiz, aunque me siento sobre un suelo de gelatina que se hunde, garabateo ‒a tientas‒ en la hoja: 'No me gustan las despedidas'.

y después te vas...

Cerré los ojos para esperar otro portazo. ― ¿Me escuchas?― repetí hasta quedarme sin voz. Afuera continuaba relampagueando, la lluvia incesante caía y mis nauseas aumentaban, engarrotaba los dedos de los pies con la excusa del frío, hundiendo mi cabeza entre mis brazos como si pudiera escabullirme de la soledad.

cuando yo despierte tú ausencia vendrá...

Abro los ojos y el músico dio el último golpe sobre la tecla del piano, la cantante agachó la cabeza y unió las manos en señal de agradecimiento, el público aplaudió... yo tenía los ojos llenos de lágrimas, que se desbordaron sobre mis mejillas y también me levanté a aplaudir.

Y la llama de la vela finalmente se extinguió…


Mariana

«Esta entrada contiene letra de la canción 'Cada día' de Idan Raichel»

domingo, 4 de marzo de 2012

Propósitos de año nuevo

Cualquier época es buena cuando hay ganas de hacer cambios. Qué sensación aquella que da el tener un año más al alcance; se cambió el reloj de un año al otro, y yo siento que me muevo con el paso del calendario. No sólo proponerme aprender a cocinar sushi, hacer una caminata de al menos una hora todos los días, porque es bueno para el corazón, tiene tantos beneficios etc, dejar de comer postre o cambiar la decoración, mudarme o emprender un viaje...

Este primer día del año tuve la oportunidad de despertarme temprano, me preparé un café y lo bebí en el patio, frente al despliegue de la Gran Sabana, ante esa lona extendida de lomas y valles, entre los cruces de verdes claros y oscuros, miraba un Tepuy junto a otro de fondo a semejante espectáculo natural; la brisa de la mañana me refresca, para luego volverme a dormir y pasar de las doce. El primero de enero llegó, comienzo del nuevo año, nunca otro día reunió tanto descanso y tanto por hacer junto, los platos a medio recoger en el fregador, y tantas copas vacías, reposando luego del brindis, junto a los planes y las esperanzas para la próxima semana, el siguiente mes, el primer trimestre, el resto del año.

Hoy han pasado dos meses desde que escribí esas líneas... 

Cuando la esperanza se vistió de realidad, en ese momento el optimismo saco a relucir su mejor traje, en qué momento todo aquello que soñaba comenzó a mezclarse con lo que vivía; comprendí, engullendo un poco de la ensalada de la noche anterior con un poco de pan, que simple puede ser la vida, y nos empeñamos a veces en hacerla tan complicada; ¿en esa misma simpleza puede radicar el secreto de la felicidad? la mirada de quien ama, desborda felicidad y alcanza a salpicar todo lo que toca, no del que dice te amo al oído del amante, no sólo ese… el amor que ocupa cada segundo, cada acto, cada ser de este mundo con quien me encuentro, (mucho mejor si ese amor es compartido J) pero puede llegar a ser tan simple como revisar las cosas que importan en la vida y darles la prioridad, ponerlas de primero en la lista, reencontrarnos con lo que nos produce verdadero placer en el corazón… y hacerlo! Aunque no nos paguen por eso, ni forme parte del trabajo, yo creo que así se ajusta un poco el foco a la vida, y desde que comienza marzo 2012, que bueno recordarlo.

Quiero vivir En Un Mundo Mejor

Tuve la oportunidad de ver la película En Un Mundo Mejor, civilization (Hævnen, Dinamarca, 2010) dirigida por Susanne Bier.

La mejor película que he visto en los últimos dos años (ojo y soy fanática); tantos detalles, tanto que ver, excelente guión, de la mano de un buen elenco, con buenas actuaciones, dirección y fotografía; Paisajes maravillosos sin lugares comunes, original, estupendamente única... y bella; como vivimos en un mundo donde los grandes medios controlan buena parte de la difusión de cintas comerciales, quieren que sean rentables para las organizaciones involucradas, éste es un film que no tiene los patrocinadores de Crepúsculo, Harry Potter, etc y en mi humilde opinión bien vale la pena comentarlo, así que está es mi contribución a su publicidad.

... La palabra crea pero también destruye, fueron tantas las interrogantes que afloraron al terminar de verla, que quise escribirlo... Me parece una oda al amor y una invitación al perdón, todos cometemos errores que tardan en sanar, pero si no lo hacen están allanando el camino para que el resto de nuestra vida sea un pasaje lleno arrepentimientos y venganza.

 Acaso... cada vez que mentimos o engañamos, ¿no estamos violentando el respeto que debemos a nuestra pareja? Cuando nos enojamos, y no controlamos lo que decimos, ¿nos damos cuenta de que podemos afectar a otro inocente con nuestra ira? ¿estamos cerca de conocer lo que pasa en las escuelas donde van nuestros hijos? ¿el que hiere acaso no tiene más dolor por dentro que nosotros mismos? ¿tenemos conciencia del poder de la palabra al utilizarla?... El lenguaje es un don de la humanidad, es el conjunto de símbolos que nos vincula con los otros, que desolada sería nuestra vida sin comunicarnos, sin el poder de hablar con otra persona al comprar algo, hacer una diligencia, pedir un con leche y echar un cuento...

No soy de los científicos-políticos-todo-poderosos-predictors que hablan de la tercera guerra mundial como un evento tan inevitable que parece el lunes después del domingo, mucho menos de que si será biológica, o peor aún, nuclear! antes de todo yo no quiero una tercera guerra mundial ¿y tú? y esa decisión está en manos de las autoridades del mundo, de los oficiales al mando de un ejercito, del soldado que no se niega, o en nuestras propias manos...

A veces sueño con un mundo donde la gente supiera de las probabilidades que tuvieron que vencer, en primer lugar, una molécula de hidrógeno, para que se acercara a otra de metano, y coincidiera con otra de amoniaco, y luego de miles de años y de una fabulosa cantidad de energía que tuvo que acumularse en el mismo punto que ocupaba la materia primera... tuvo lugar el nacimiento de los aminoácidos, esos primeros compuestos precursores de toda forma de vida, para luego, de una todavía más afortunada serie de acontecimientos en el micro y en el macromundo, estar aquí quemando oxígeno con cada respiración... a veces quisiera que el mundo tomara conciencia de ese conocimiento que si no asombra...conmueve, a veces quisiera tener un poder, el poder de hablar en una voz tan alta que fuera posible llegar a los corazones más corrugados, a veces quisiera compartir el don de poder hablar del origen de la vida más a menudo, que no es sino otra manera de decir que, después de todo... somos afortunados, somos más que el resultado de la batalla que sólo logró vencer un espermatozoide, en un ambiente hostil, ese que pudo fecundar un óvulo, y luego, de todo lo que pudo no ocurrir, los eventos se sucedieron en un maravilloso milagro llamado... vida.

A veces sueño...
Como decía Gandhi, "Debemos comenzar a hacer el cambio que queremos ver afuera en nosotros mismos?

Saludos a todos... ¡Me voy al cine!

Mariana

sábado, 21 de enero de 2012

El Poder (de) Decir Adiós


I

─ Bueno…, supongo que hasta aquí… ─ dijo él ― que este es… ― corrigió.

─Adiós─ le dije yo interrumpiéndolo. Quise que no llegara el momento y tomarlo en mis brazos para no dejarlo ir, pero cuando estuve frente a él, quise que se acabará y, a su vez, que no acabará nunca, quise explicarle todas las razones que tenía para no quererlo, quería alejarlo, y también  decirle te quiero, y sólo alcance a concluir: que te vaya bien.

Y al pronunciar estas palabras, bajé la cabeza, y mi mirada resbaló por el piso, hasta perderse en la noche oscura que entraba por la ventana. El reloj marcó las doce, y afuera, todos celebraban la llegada del nuevo año con vítores y fuegos artificiales. Luego, él tomo mi mejilla, la acercó a su cara, me dio un beso en la frente, y comenzó a caminar dándome la espalda.



    Viéndolo partir sentí el impulso de comenzar a caminar para seguirlo, alcé mi brazo con la esperanza de conseguirme con su rostro, con su cuerpo, pero no encontré ni siquiera su hombro para sujetarlo, y ya sus ojos no los tenía frente a mí para mirarme, en su lugar, pude exhalar un hondo suspiro, para disfrutar de este final con olor a él, y ver alejarse el rastro de su perfume desvaneciéndose en el aire. Esta vez, supe que el caminar hacia atrás sólo me llevaría de vuelta a mi vida, a la que daba por sentada, a un salón con otras personas, divirtiéndose en una fiesta, hablando, comiendo, tomando, aunque yo me sintiera al borde de un abismo, en lo más alto de una montaña desconocida, azotada por los fuertes vientos fríos de la soledad, donde todos los pasos que pudiera dar para regresarme desde lo alto serían difíciles, porque ya no me refugiaría en sus brazos para terminar en un beso, y porque ahora, hacía adelante, el camino luce amenazantemente nuevo.


II

       Desde que tengo uso de razón tuve afición a los cuadernos y a los lápices; coleccionaba todo tipo de marcadores, libretas, blocks, y demás herramientas para… escribir. No era un pasatiempo infantil, antes no lo comprendía, era el llamado a expresarme por medio de la escritura, un llamado tan fuerte como cualquier impulso, manifestado en forma de deseo para satisfacer mi necesidad. Aún es indescriptible la sensación de detenerme frente a una página en blanco, ese placer, esa felicidad que me produce el poder hacerlo, el gusto que me da pensar y escribir para llenar un espacio, antes vacío, con una estructura llena de frases escritas que provienen de mí, desde lo más profundo de mi ser, desde algún paisaje en mi interior donde lo que pienso se mezcla con mis sentimientos, y da como resultado una historia en forma de párrafo, con la única finalidad de hacerlo y... leerlo.

Por más extraña que pudiera parecer en mi familia aún mis primos me recuerdan la versión pequeña de mi misma yo era así, una niña con un pequeño morral de un bello color azul cielo, que tenía un bolsillo exterior con un osito amarillo de brazos abiertos, lleno de cuadernos y marcadores; pintaba y escribía donde quiera que llegaba, y un afortunado diciembre (tenía siete años), todas las fuerzas del universo conspiraron para hacerme muy feliz. Por alguna razón esa navidad recibí todo tipo de artículos para escribir: libretas, blocks de notas, cuadernos grandes, pequeños, empastados, de espiral y muchas libretas muy pequeñas, además de cajas de colores, marcadores, lápices, bolígrafos, etc, y así completar el conjunto de accesorios para mi satisfacción personal. Ya no más regalos de medias, blusas y mallas de lycra que yo no quería, no más regalos de ropa. Ante mis ojos ese año mi familia pareció aceptarme tal cual era y darme sólo, al fin, regalos que me gustaran. Yo estaba embriagada del gusto entre tantas líneas, tantas hojas en blanco, tantos nuevos diseños, tantas páginas que se me aparecían como tantas posibilidades a mi alcance y, como si todo el éxtasis del cual ya disfrutaba no fuera suficiente, la guinda del pastel fue uno de los regalos que siempre recordaré: una bolso en forma de muñeco cilíndrico, color amarillo fosforescente, con la cabeza en la tapa del cilindro de donde guindaba el asa, y un par de ojos bien grandes en la superficie de lo que sería el rostro, con una gran sonrisa esperando: mírame (soy tuyo), y por supuesto sus pies guindando de la tapa inferior, con diseño de franjas blancas y negras horizontales, y sus respectivos zapatos de plástico tipo converse. En una palabra: fantástico.

Finalizando la respectiva velada del más maravilloso 24 de diciembre que pude vivir de niña, fui preparando mi nuevo bolso con todos mis regalos dentro, allí conocí esa sensación de encajar todas las piezas de un rompecabezas de gran tamaño, sin saber aún la figura que debía armar, ni dónde acababa la imagen propuesta, yo simplemente me deleitaba organizando el bolso en perfecto orden, libretas pequeñas con libretas pequeñas, medianas con medianas, y las más grandes alineadas, todas en el interior del cilindro-bolso, lápices con lápices y marcadores en degrade de colores a un lado; la estimulación de mi pequeño trastorno obsesivo compulsivo no tenía parangón, porque mi satisfacción no conocía los límites. Entre los pensamientos de mis preocupaciones infantiles, me dije a mi misma “estoy lista para salir, sea cual sea el lugar que visite desde ahora, sólo necesitaré llevar mi nuevo bolso, y si me aburro, siempre estaré lista para escribir”.

Como todos los 25 de diciembre de mi infancia, me preparé para salir con mecha (mi mamá, mi tía, y más que una definición de mamá o tía, la llamo mecha porque así le decía, y para fines de esta entrada: una persona muy importante), iríamos al parque de diversiones  como me lo había prometido; en ese momento la vida adquiría un nuevo significado para mí: el haber sido escuchada y recibir mis regalos favoritos. Ya mi casa no era solamente mi casa, el parque no sólo era el parque, las calles, avenidas, las camioneticas, ya habían dejado de ser solamente esos sitios, para adquirir una nueva dimensión, la dimensión de la alegría, porque estaba convencida de que todos los lugares en el mundo por el resto de mi vida, serían esa extensión de mi felicidad.

Una vez en el parque todo fue apropiado, recuerdo el algodón de azúcar, los tickets, y lo mucho que me divertí dando vueltas en el carrusel de la entrada, caballos, ponis y carruajes, alineados de forma estática en una circunferencia que da vueltas, y desde afuera los padres miran a sus niños, saludando con las manos, cada vez que la rueda en movimiento pasa por el lugar donde los montaron.

Al carrusel le siguieron las sillas voladoras, y por supuesto, los carritos chocones y la mini-autopista, desde donde manejaba un convertible muy parecido al max 5 de mis sueños, que subía y bajaba en el tráfico de los otros carros. Esa fue una tarde soñada, que finalizaba en el carrito de los perro calientes, y sólo fue hasta que la diversión y el paseo terminó, cuando me di cuenta de que había algo que se me olvidaba…. ¿dónde está mi bolso?


Recorro el camino de las imágenes en mi memoria como si fuera ayer ¡mi bolso!, dónde lo deje, lo traje conmigo, sí, lo tenía en los carritos chocones, no, creo que no, no lo sé, el pánico desatado en todos los recovecos de mi mente, el carrusel mamá, allí me volvió el recuerdo de cuando lo guindé en el asa para sostenerme del caballo donde me monté, salimos corriendo a buscarlo, al llegar al carrusel estaba en movimiento, los segundos esperando para mirar de nuevo el lugar donde me había sentado fueron interminables, el tiempo es eterno para quien espera, y yo sólo esperaba mirar hacía el caballo y encontrar mi bolso allí, donde lo había dejado guindado. Pero no, el final de la historia no fue ese. No estaba el bolso y nadie sabía nada al respecto. Me baje de dar vueltas sin sentido por la plataforma rotatoria del carrusel detenido, mecha sujetaba mi mano, y la otra se encontraba sin bolso, sin consuelo, y solamente hasta que volví a estar sobre el piso del parque, caí en cuenta de lo sucedido: lo había perdido.


III


Cuídala Mariana, me dijo a mí, no peleen, le dijo a mi hermana al salir. Lo que no me dijo fue que no regresaría, y que después de salir de la ducha ese día, mi vida no volvería a ser la misma.

A veces no sabemos cuanta importancia tienen los momentos que protagonizamos, sino hasta después de que ocurren. Aceptar el hecho de que mecha había muerto, fue una idea con la cual sólo pude lidiar muchos años después de esa tarde, cuando ocurrió; una tarde del mes de agosto, como pudo haber sido cualquier otra, cuando se suponía que comenzarían las vacaciones y ella saldría a la clínica para continuar su tratamiento, y nosotras pasaríamos el resto de ese día discutiendo por el horario del televisor con cable, con el tiempo ella sanaría y podríamos al fin volver a la playa juntas. La muerte vino a mi conciencia con la suya… (y yo no quería conocer la muerte contigo mamá). Ahora sé, porque lo he experimentado, que la madurez comienza a mostrar su corteza cuando cosas insignificantes que te molestaban, y por las cuales hasta te peleabas, vienen a ti nuevamente y eres capaz de darle su justo valor, no más, y esa tarde otro tipo de madurez llegaba a mi vida, una que yo no había pedido, pero había ocurrido: Mecha, mi mecha, había muerto sin esperarlo, y yo tendría que crecer para averiguar cómo me forjaría una vida sin ella y para aprender qué hace disolver de mi boca el amargo sabor de una despedida no pronunciada.


IV

Estoy a la víspera de recibir el año 2012, tengo amigos con quienes preparo la cena para esta noche, la cocina está frente a mí, y mientras el pollo está en el horno, yo estoy frente a mi documento de Word, y me pongo a pensar cuántas despedidas he protagonizado, en todos los adioses que he pronunciado, y a pesar de lo recurrente, esa palabra: adiós, se erige ante mí a veces como una muralla difícil de flanquear, y aún más difícil es cuando mi voz interior me dice, aunque no lo prefiera así, que no hay otro camino viable sino el de decir a-d-i-ó-s.

He reflexionado sobre las despedidas, y me pregunto si, quizá el dolor de decir adiós acude a la herida porque creemos que algo, un lugar, una persona, o un tiempo nos pertenece, y porque nos aferramos a la palabra siempre, a la costumbre, a lo conocido.


Yo he dicho adiós a personas, a etapas, a momentos, a una relación, a lo que nunca tuve, a cosas materiales que he perdido, como mi sweater favorito o ese bolso que nunca encontré, y también he perdido a un ser querido en manos de la muerte, he perdido un montón de ilusiones, y me he ido de lugares a los cuales creí pertenecer, y sólo ahora, desde la distancia, es cuando puedo comprender la verdad tras la frase: "ama y deja libre", yo incluiría ama, vive y deja libre; el apego a las cosas que se terminan genera dolor, el dolor a perder lo que es mio, es el mismo apego, y la creencia de poseer, lo que puede limitar mis oportunidades, el acostumbrarme a un espacio, a un momento, a una persona… estaba pensando en la diferencia entre querer tener y dejar ir, entre tener que decir adiós y decirlo, entre sufrir por la pérdida o encontrar consuelo en las posibilidades que se presentan al pasar la página, ante un nuevo espacio en blanco... la diferencia entre lamentar lo perdido y alegrarme por lo vivido. 


El amor se acaba, la gente muere, los compromisos se rompen, las expectativas no se cumplen, pero también los ciclos se cierran y el tiempo pasa. Las despedidas son dolorosas, porque al fin y al cabo somos humanos, y no vale la pena programarse para no apegarse, pero de la misma manera en que nos sentimos parte de algo, y nos duele dejarlo, el decir adiós libera porque nos abre las puertas a nuevos momentos, a nuevas personas, a nuevas experiencias, y entonces… ¿por qué no tomar lo bueno de lo que vivimos y lo mejor de lo qué viviremos?


Ahora yo he logrado juntar el dolor de mis pérdidas y observar cómo se transforma en arte, en un lugar de mi mente al que puedo volver para convertirlo en energía que me lleve a otros caminos, nuevos caminos, mejores caminos, y también en un lugar cerca de mi corazón donde guardo la lección de valorar lo que he encontrado y aprendido.



       Es necesario gastar para renovar, perder para ganar, decir adiós para liberar, y despedirnos  para recibir lo nuevo… eran veinte minutos para las doce, y quería comerme las doce uvas con tiempo, brindar con champaña, tomar la maleta, gritar feliz año, abrazar a todos, pedir los deseos, lentejas, agua, tradiciones,… y en su lugar, me deje llevar por la música y la alegría de la fiesta, comencé a bailar un merengue, y uno se transformo en otro, y en otro; las personas a mi alrededor se abrazaban, comían uvas, brindaban, salían a la calle cargados con maletas vacías, y yo sin darme cuenta, y sin tomar el tiempo, le di la bienvenida. Entre copas y abrazos compartí en la fiesta con el resto de los presentes, y en el patio de la casa, la altitud de la montaña era suficiente para sentir la cálida brisa de la buena compañía, y su vez, el fresco de la noche, y ya en mi propio espacio, me detuve a admirar el cielo de la naciente madrugada, por primera vez, sin obstáculos, sin edificios que cubrieran el espectáculo de los fuegos artificiales… Adiós 2011, Bienvenido 2012.


Y es inevitable que esta línea final de mi primera entrada del año, me lleve en mi imaginario a uno de los grandes, yo también ahora don Mario... comienzo a comprender las bienvenidas mejor que los adioses.

Después de un final se extiende un comienzo, y este nuevo año lo recibo cumpliendo mi sueño de escribir, y ahora cuento con libretas y además con la fortuna de vivir la era digital, con los discos duros portátiles para respaldar los archivos, y en lo que se pueda, hacer menos dolorosas las pérdidas de la información, en un cuaderno o un pen drive que se escapa.


¡Feliz año para todos!


Mariana



“Vuelvo/ quiero creer que estoy volviendo

con mi peor y mi mejor historia

conozco este camino de memoria

pero igual me sorprendo”



M. Benedetti


domingo, 11 de diciembre de 2011

Jhon Grisham y la pena de muerte (agradeciendo a las pruebas de ADN)

Recién termine de leer el libro de John Grisham que lleva por título en español “El Proyecto Williamson”. Debo decir que es el primero del autor que he leído, de todos sus millones de copias vendidas alrededor del mundo, fue sólo hasta hace dos semanas cuando uno de esos ejemplares cayó en mis manos, y aquí me tienen.

Este relato no solamente me acompañó durante mi paseo por los Aeropuertos de Maiquetía y Santo Domingo (en San Cristóbal), sino también me hizo la espera del vuelo muy agradable: un tiempo para mí y para leer. Justo lo que quería.

El argumento es un clásico de los libros escritos por abogados de profesión. Un condenado a muerte que busca apelar a la corte y cancelar la sentencia. Sin embargo, no es ficción. La historia fue un suceso de la vida real acerca del cual Grisham se interesó y se documentó para realizar el libro. Comenzar a leerlo con esto en mente me puso en otra perspectiva, una más allá del hilo narrativo, del ritmo y de la fluidez con la que su autor cuenta la trama; me puso a pensar en la vida de un tipo que, no es un personaje, sino que es un hombre de carne y huesos, un ser humano, una persona que sufrió una falla del sistema judicial de su país, y lamentablemente lo pagó con 12 años de prisión, condenado a morir por inyección letal, en Oklahoma, EEUU.

No es mi intención escribir el análisis literario de la obra. Sino en su lugar, lanzar una pregunta al ciberespacio, quizá dos, tres…

Al preguntar qué se busca con la pena de muerte para castigar un delito, algunos me responderían que la finalidad es algo así como que, el culpable pague con su vida el crimen cometido, generalmente un asesinato despiadado a personas inocentes. En ese caso, se ajustan las cuentas con la familia de la víctima, ojo por ojo…, y se asegura el que no pueda volver a cometer un crimen. Además de que se le priva la posibilidad de enfrentarse con el sistema educativo de prisiones, lo cual siendo pragmáticos, en muchos casos significa solamente que se le quita la posibilidad de estar encerrado y con tiempo suficiente, para que la persona culpable se enfrente al juez dentro de sí misma, y su propia conciencia pueda llevarle a cambiar la decisión frente a lo que ha elegido para su vida. Se requiere de tiempo, aunque sea preso, para marcar la diferencia entre que una persona llegue a regenerarse o, persista al margen de la vida en comunidad, y en consecuencia llegue a aislarse más y más.

Yo estoy de acuerdo con el castigo para el culpable, y de esta forma pague lo que le deba a la sociedad, pero por qué la decisión de un alcalde, o de un gobernador que vela porque se cumpla la ley, debe ser condenar a muerte y no, por ejemplo, sacarlo de las calles de por vida, y retirarle su libertad para siempre. Por qué dentro del más perverso lado como seres humanos, algunas personas encuentran mayor fascinación con la muerte y exigen el máximo castigo inventado para un acusado, ¿Acaso creemos más en la muerte que en la vida?

Entonces, qué ocurriría en el caso de que el juzgado fuera inocente. Un caso de pena capital penetra hondo en la comunidad que lo vive, los vecinos, los amigos, los padres quieren castigo, necesitan un culpable, y todos estos también son electores, contribuyentes, ciudadanos pues. En cualquier caso, es perfectamente factible el que ocurra un error en cualquier juicio, pero en un juicio de esta naturaleza, los fiscales se podrían empeñar más aún en mantener el error a toda costa, para que la investigación de resultados, y produzca ese culpable que se necesita. No creo que en algún lugar del planeta exista esa sociedad infalible, siempre capaz de castigar al culpable y liberar al inocente, sencillamente porque somos humanos, cometemos errores y actuamos de acuerdo a circunstancias, intereses, etc. dependiendo del contexto y las personas involucradas. Por más que se busque justicia con buenas intenciones, un error en estas circunstancias significa también acabar con la vida de un inocente.

Cuando escribo de este tema, no puedo dejar de pensar en la idea ¿estaremos como humanidad queriendo corregir un error con otro error?

No estoy a favor de la pena de muerte, y dado que en Venezuela no está implantada en las leyes, sé que también escribo desde la comodidad que me otorga el que no haya casos que me muevan por la cercanía, pero en mi opinión, sólo tengo que ser una habitante del mundo para conmoverme con la historia de Ron Williamson. ¿Cuántos como él hay? Y más importante aún, cuántos no contaron con la sucesión de causalidades, por las que su expediente llegó a caer en las manos de los abogados que lo leyeron, y supieron preparar su caso para abogar en nombre de él. De forma tal que, para curarnos en salud y ser "justos", sería capaz de garantizar cualquier sistema judicial de una sociedad imperfecta (la venezolana, una europea, la sociedad estadounidense, etc) que se lleven a cabo juicios justos, apegados a la ley y a la verdad, siempre que sea necesario para que un inocente no tenga que presenciar el correr de su vida por un desagüe. Si no es así… ¿estamos dispuestos a pagar el precio?

El dinero compra casas, cancela las deudas, paga a los abogados, compra los tickets y paga las reservas en los hoteles. Sin embargo, cómo se desanda el viaje en la mente de una persona injustamente condenada y encarcelada. El dinero no pudo fabricar la máquina del tiempo con la cual echar atrás los relojes, para dejar a Williamson en su ya dolorosa vida de jugador de beisbol frustrado, recién divorciado. No existe máquina del tiempo Jueces, hay que andar con cuidado, y las disculpas y lamentaciones cuentan también con un límite de presentación.

En cuanto a la escritura de Grisham, me gustó su descripción de las escenas con muchos detalles, una ambientación muy prolija y cuidada. Su profesión le hace el favor y le añade credibilidad al juicio, al comportar de los abogados, y él también la sabe usar a su favor (a pesar de los capítulos en los que se excede en detalles técnicos para mi gusto). Compensa su tecnicismo con creces al trazar muy bien la introducción del personaje principal, Ron Williamson. El capítulo en el que se adentra en su vida y en su perspectiva psicológica, desde que comienza a narrar su infancia, fue uno de mis favoritos, y con seguridad lo releeré pronto. La simplicidad con la cual trazó los detalles de la personalidad de este señor merece mi admiración, buen ejemplo de cómo no fue necesario hacerlo hablar mucho, sino dejar que los demás hablaran por él, y sólo mostrar sus acciones, para conocerle. A pesar de lo dantesca que me parece la cámara de la muerte, Grisham también supo hacerme una visitante y cautivarme con la historia en general.

Algunos juegan a ser Dios, y yo, durante el viaje leí, disfruté y, por supuesto, mientras esperaba también jugué Angry Birds (¡alcancé el nivel VIII!).


Para más información del caso Williamson, puede leer el libro y buscar en:

www.innocenceproject.org

viernes, 9 de diciembre de 2011

Esperar : Esperanza (y un cuento de navidad)

-Mmm... ¿Qué hora es? ¿Ya van a ser las doce?... ¿Cuánto falta?...

-¡Cuántas preguntas Marian!, tienes que esperar, apenas son las diez.

-Tengo sueño, por qué esperar a que sean las doce para que llegue el niño Jesús, y para comer… ¡tan tarde!

-¡Porque el niño Jesús llega a Caracas a las doce en punto!, tiene muchas casas que visitar.

-mmm…-digo otra vez, ya sin consuelo.

Esa micro historia se repitió todos los años durante mi infancia, la espera del nacimiento del niño Jesús, y la espera también para poder cenar, para comer el festín navideño venezolano, rico en carbohidratos (por cierto, para cualquier extranjero ajeno al plato), y no muy recomendado como comida completa pasada la una de la madrugada.

Ocupados con los preparativos para la víspera de navidad, recuerdo que durante el día 24 de Diciembre en mi casa, no se hacía alguna otra comida formal sino la cena, es decir, cualquier cosa de desayuno y almuerzo, entendiendo cualquier cosa como una hallaca para el desayuno y, por supuesto calentar otra hallaca, recién salida de la nevera, para el almuerzo; de modo que todos esperábamos con ansias la cena de nochebuena, donde finalmente podríamos sentarnos a la mesa a compartir la velada -para ese momento ya yo sujetaría orgullosa mis regalos- y finalmente, sobrepasada la esperada hora, podríamos incluir algo más en el plato: si hallaca, pero esta vez, con algo de carne o ensalada.

Mi espera era diferente, siendo niña no me divertía mucho con la monotonía de arreglar la casa o preparar la mesa, no tenía responsabilidades, ni compras que hacer, y con el tiempo por delante, que largas se me hacían esas veinticuatro horas. La diferencia de esperar ese día en particular, que ya era de lejos, el más largo de todo el año, la marcaba una simple razón: ¡Quiero que sean las doce para recibir los regalos del niño Jesús! (¡Qué más da lo que sirvan los adultos para comer!... ya tendré tiempo para estar en desacuerdo y cambiar las horas de la cena en mi familia).

Los recuerdos se abren paso nuevamente hoy en mi memoria, como el olor que se desprende de su hoja de plátano, al escurrir una hallaca después de calentarla, sobre una olla con agua hirviendo. Ese sello venezolano en su punto de ebullición, que deleita a más de uno por el mes de diciembre de cada año. Recuerdo esa mezcla natural de olores en la cocina, el dulce de las pasas con lo salado de la aceituna sobre mi lengua; ver a mecha ocupada en la cocina entregada a su placer de cocinar el pan de jamón, su querido pan de jamón, recuerdo también lo que era pasar un día entero pensando si se cumplirían mis peticiones, si ese niño recién nacido sería tan detallista y tan poderoso para llegar a saber cuáles eran cada una de las cosas que le pedía por escrito, y los lugares exactos donde las podría encontrar.

Recuerdo enredarme entre preguntas sin una única respuesta, y perderme hasta rendirme entre dudas tan razonables, como por ejemplo: ¡cómo hace para llegar a todas las casas al mismo tiempo!, porque efectivamente al mismo tiempo llegaba, tan pronto yo confirmaba mis regalos, mis primos en sus casas, fuera de caracas, también recibían los suyos, y por esos días yo nada sabía del principio de incertidumbre, y era feliz sin saber las probabilidades reales de estar al mismo tiempo en dos lugares distintos.

-¡Son las doce!- Gritaban todos en casa. Eso significa en mi idioma: LOS REGALOS ESTÁN AQUÍ.

Salí corriendo a buscar debajo de mi cama. Me trajo lo que pedí, dije al fin, la espera se terminó y sentí alivio al confirmar que, aparentemente, el sistema de las cartas funciona -pensaba complacida con el cassette de betamax, titulado “LOS ÚLTIMOS HÉROES” del grupo Menudo, entre mis manos-. Esa es la magia de satisfacer un deseo. El concierto de mi grupo favorito era mío. Así los quería para que, de ese año, el único regalo que recuerde sea esa cinta de video.

Ni aún con el paso de los años he podido borrar esa imagen, ni los olores, ni los recuerdos de esas primeras navidades creyendo en un deseo. Así de fuerte perdura la sensación de una espera que ha valido la pena. Que bella foto esa la de los chicos de Menudo, cierro los ojos hoy y es suficiente para verlos bajando las dumas de los Médanos de Coro, con actitud de galanes-buenotes-sobraditos, y que guapo Sergio con su chaleco de cuero sobre su pecho sin camisa (bueno, esa última línea no es tanto así como un recuerdo, jajaja).

El tiempo siguió su curso, y llegó otro veinticuatro de diciembre, en el que mientras esperaba, compartía con unos niños de mi edificio sus fuegos artificiales, y allí fue cuando le escuché a una de mis primas decir: ¿Ustedes saben que el niño Jesús no existe…o no? Los regalos se los compran sus padres, sentenció.

-¡Ploos!- Se escuchó un ruido tremendo. Y el cielo se pintaba con luces amarillas, rosadas, rojas, que se abrían paso en medio de la noche, como los pétalos de una flor que se deshoja poco a poco, hasta terminar en un tímido resplandor blanco que cae desde lo más alto del cielo. Pétalo a pétalo como una ilusión.

-¡Qué es esoo!, ique quién dice- Dijo alguien más. Yo no pude hablar, quería perder mi mirada en la profundidad del cielo y alcanzar las manecillas del reloj del tiempo del mundo y devolverlo al momento justo antes de escuchar esa frase.

Si, repitió. No fue suficiente decirlo una vez, lo volvía a decir. Y ahora que escribo estas líneas recuerdo también que lo decía orgullosa. Como si fuera verdad que al crecer e ir dejando de ser niña, hay personas que se llenan de armas y creen tener el poder para quebrar las ilusiones de los demás, niños o no, de todos aquellos que todavía sueñan.

Lo del reloj no funciono, no existía algo así como un reloj superior que pudiera controlar el tiempo en la vida de todos (al menos no lo encontré por esas fechas). Lo cierto es que al llegar de nuevo al apartamento, mi prima me llevo hasta el armario donde sabía que su padre había guardado sus juguetes. No podía creer lo que veía (no quería creerlo), pero mientras tanto allí en ese cuarto yo todavía buscaba algunas justificaciones, esto tiene que ser un error, pueden ser otros regalos.

Lo amargo y lo dulce de un sabor, hasta ese momento, desconocido para mí se mezclaban en mi garganta. La espera no podía ser peor esta vez, que importa la cena, lo repetido de la hallaca. Yo quiero cenar con mi ilusión intacta ¡Que me la devuelvan! Nadie me preguntó si quería saberlo, ella sin más ni más lo soltó a los oídos de todos nosotros, los otros niños que no sabíamos, indolente.

-Llegaron los regalos Marian, corre al cuarto- dijo mecha.

Fui por los míos, y al acercarme a su cuarto me detuve a ver desde la puerta, no quería dar un paso más hacia adelante, desde allí la realidad, tal cual un gas asfixiante, ocupaba todo el espacio alrededor, y yo no quería entrar para ver a mi prima destapar sus regalos. Si esos mismos, los del armario, con el mismo papel del envoltorio que había visto, los mismos motivos. Todo era igual. No podía ser un error, era la verdad.

Después de un golpe como ese, hay que definir la navidad nuevamente. Es nuestro deber como adultos. Tiene que cobrar sentido para cada uno dentro de nosotros, en el interior de lo más profundo de nuestros corazones, tiene que ser una definición nuestra, sólida y duradera… que se mantenga por el bien de la humanidad. Por mi parte, yo jamás menciono esa verdad delante de los niños. Voy por la vida preguntando a todo niño católico qué le pidió al niño Jesús, y aún me emociono al ver las cartas en las casas, junto a los arbolitos o a los pesebres. El papel dobladito con las letras que no se entienden, con las vocales recién aprendidas, o con las listas más elaboradas, todo eso junto para pedir el nuevo juguete de la temporada. No se trata del regalo, ni del costo. Sino de la ilusión que se guarda en un papel a la espera de ser cumplida. Del día que se comienza esperando a que se termine, de la espera a que llegue esa hora en particular y así dar fin a la tensión, y que después de ese día estemos confiados en que el ciclo vuelve a empezar. Se trata de los envoltorios que se rompen a todo gusto para develar el misterio y saber si nuestros deseos fueron escuchados. En este caso por otro ser, que también es niño, y viene a ayudarnos hasta que seamos capaces de cumplir nuestros sueños y anhelos por nosotros mismos.

Yo definí mi navidad, hoy ya con veintinueve años, y algunas pruebas del tipo ensayo y error, aprovecho ese día para hacer cosas que me gustan, y llenarlo de momentos inolvidables. Sé que me gusta ir un rato a la playa, a contemplar ese paisaje, quizás será que intento descubrir si existe alguna conexión entre lo mágico y la inmensidad de ese vaivén del mar, con la importancia de alimentar nuestras ilusiones, que las imagino como las olas en esa gran masa de agua, que se nutren de otras olas, y se forman, se elevan, se rompen... y seguirán vivas, mientras exista una ola que se vuelva a formar. Descubrí que es un placer para mí quedarme sentada a mirar el mar, así que... por qué no tomarme un día especial para ello, además así me alejo de los centros comerciales y del tráfico de la ciudad.

No tengo idea la etimología y me salto esa formalidad de la lengua, pero para mi es clara la relación de la palabra esperar con la esperanza, por el significado que le imprime a mi historia, y a mi vida. Hoy no dejo de lado la tradición a la hora de comer, aunque trato de balancear la ingesta calórica, desayuno pan de jamón, almuerzo hallaca y de cena puede ser alguna ensalada… si es cierto, ya no tengo nueve años, pero sí que los recuerdo.

Y a encender esos fuegos artificiales, para que se unan a la celebración de la vida ¡con precaución!

Mariana

(Especialmente a Mecha, quien por estas fechas y siempre, ilumina todos mis recuerdos)