miércoles, 3 de septiembre de 2014
Discurso de graduación 2013/2014
Luna nueva
Hoy es el sol el que me levanta, siento su calor y agradezco el milagro de estar viva. Hoy bajo la luna más grande recuerdo mi promesa y sonrío.
La vida está en los pequeños detalles que encontramos en el camino. No en el destino. Cuántas veces no he escuchado esa frase, que puede caer ya en cliché, pero cuánto trabajo y cuánta consciencia requiere en verdad "saberlo" , y no darlo por sentado.
No soló las metas cumplidas forman parte de la materia que constituyen los sueños. No. También, y quizá más importante aún para el aprendizaje, es recordar el momento en que dimos el primer paso para comenzar el camino y cómo ese camino se fue construyendo día a día con un Hola, buen día, el café de la mañana, la sonrisa de alguien desconocido, el arcoiris que se dibuja en el cielo, las gotas de lluvia que caen sonoras contra el techo, una mariposa que pasa, el poder sentir, el milagro de creer...
Agradezco a mis compañeros de tantos viajes, externos e internos, ustedes saben quiénes son, porque están en mi corazón.
Declaración
sábado, 7 de diciembre de 2013
30
martes, 26 de junio de 2012
Sin Título (No me gustan las despedidas)
Tic, tic, tic sonaban las gotas de lluvia cayendo imponentes sobre los techos de los carros estacionados afuera. La ventana y la puerta entrecerradas dejaban pasar una brisita que me helaba los pies. Miraba hacía la puerta y se llenaron mis ojos de lágrimas, derramándose por la misma ley física que la lluvia cae, sólo que con diferente motivo.
Sentada frente a la mesa, con los pies descalzos entrelazados sin alcanzar el suelo, inspeccionaba cada rincón del cuarto donde me encontraba. Tengo frío me dije a mi misma (es decir, lo pensé). Continuaba esperando a que se abriera la puerta...
En mi mente el piano se dejaba escuchar con unas cuantas notas desprendidas de las teclas:
Cada día alguien me habla de ti
intentando sacar el dolor de mi alma
Cada día alguien me habla de ti
intentando explicarme que ya no volverás
Al fondo del salón un sofá naranja de cuero frente a un televisor apagado. La penumbra dibujaba a ratos los objetos entre el vaivén de la llama de una lámpara que servía de fuente de luz. Mi estómago era azotado por punzadas que hincaban fuerte, con la intensidad de la penumbra.― ¿Estás allí?― continúe preguntando.
El silencio continuó sin responder.
Abro el cuaderno para refugiarme en el único lugar que no es ajeno para mí en esa casa. Me recuesto sobre el espaldar de la silla, desde allí veo el closet, trajes, vestidos guindados, las sandalias sin estrenar en sus cajas, una mesita de noche con el libro de Vargas Llosa sobre ella (el que nunca terminó de leer), la cama sin hacer; y cierro los ojos para continuar escuchando la melodía...
Pero de noche cuando ya no hay luz
cuando todos se van
tú caminas despacio
entre mis sueños estás
no eres sólo un recuerdo
yo te siento tan cerca que pareces real...
¡Zuas!― se cerró la puerta de golpe. La lluvia arreció y sonaban truenos que esparcían relámpagos en la oscuridad de la noche. La llama iba y venía, ahora haciéndose cada vez más débil. Logro empuñar el lápiz, aunque me siento sobre un suelo de gelatina que se hunde, garabateo ‒a tientas‒ en la hoja: 'No me gustan las despedidas'.
y después te vas...
Cerré los ojos para esperar otro portazo. ― ¿Me escuchas?― repetí hasta quedarme sin voz. Afuera continuaba relampagueando, la lluvia incesante caía y mis nauseas aumentaban, engarrotaba los dedos de los pies con la excusa del frío, hundiendo mi cabeza entre mis brazos como si pudiera escabullirme de la soledad.
cuando yo despierte tú ausencia vendrá...
Abro los ojos y el músico dio el último golpe sobre la tecla del piano, la cantante agachó la cabeza y unió las manos en señal de agradecimiento, el público aplaudió... yo tenía los ojos llenos de lágrimas, que se desbordaron sobre mis mejillas y también me levanté a aplaudir.
Y la llama de la vela finalmente se extinguió…
«Esta entrada contiene letra de la canción 'Cada día' de Idan Raichel»
domingo, 4 de marzo de 2012
Propósitos de año nuevo
Quiero vivir En Un Mundo Mejor
La mejor película que he visto en los últimos dos años (ojo y soy fanática); tantos detalles, tanto que ver, excelente guión, de la mano de un buen elenco, con buenas actuaciones, dirección y fotografía; Paisajes maravillosos sin lugares comunes, original, estupendamente única... y bella; como vivimos en un mundo donde los grandes medios controlan buena parte de la difusión de cintas comerciales, quieren que sean rentables para las organizaciones involucradas, éste es un film que no tiene los patrocinadores de Crepúsculo, Harry Potter, etc y en mi humilde opinión bien vale la pena comentarlo, así que está es mi contribución a su publicidad.
... La palabra crea pero también destruye, fueron tantas las interrogantes que afloraron al terminar de verla, que quise escribirlo... Me parece una oda al amor y una invitación al perdón, todos cometemos errores que tardan en sanar, pero si no lo hacen están allanando el camino para que el resto de nuestra vida sea un pasaje lleno arrepentimientos y venganza.
Acaso... cada vez que mentimos o engañamos, ¿no estamos violentando el respeto que debemos a nuestra pareja? Cuando nos enojamos, y no controlamos lo que decimos, ¿nos damos cuenta de que podemos afectar a otro inocente con nuestra ira? ¿estamos cerca de conocer lo que pasa en las escuelas donde van nuestros hijos? ¿el que hiere acaso no tiene más dolor por dentro que nosotros mismos? ¿tenemos conciencia del poder de la palabra al utilizarla?... El lenguaje es un don de la humanidad, es el conjunto de símbolos que nos vincula con los otros, que desolada sería nuestra vida sin comunicarnos, sin el poder de hablar con otra persona al comprar algo, hacer una diligencia, pedir un con leche y echar un cuento...
No soy de los científicos-políticos-todo-poderosos-predictors que hablan de la tercera guerra mundial como un evento tan inevitable que parece el lunes después del domingo, mucho menos de que si será biológica, o peor aún, nuclear! antes de todo yo no quiero una tercera guerra mundial ¿y tú? y esa decisión está en manos de las autoridades del mundo, de los oficiales al mando de un ejercito, del soldado que no se niega, o en nuestras propias manos...
A veces sueño...
Como decía Gandhi, "Debemos comenzar a hacer el cambio que queremos ver afuera en nosotros mismos?
Saludos a todos... ¡Me voy al cine!
Mariana
sábado, 21 de enero de 2012
El Poder (de) Decir Adiós
I
El amor se acaba, la gente muere, los compromisos se rompen, las expectativas no se cumplen, pero también los ciclos se cierran y el tiempo pasa. Las despedidas son dolorosas, porque al fin y al cabo somos humanos, y no vale la pena programarse para no apegarse, pero de la misma manera en que nos sentimos parte de algo, y nos duele dejarlo, el decir adiós libera porque nos abre las puertas a nuevos momentos, a nuevas personas, a nuevas experiencias, y entonces… ¿por qué no tomar lo bueno de lo que vivimos y lo mejor de lo qué viviremos?
Ahora yo he logrado juntar el dolor de mis pérdidas y observar cómo se transforma en arte, en un lugar de mi mente al que puedo volver para convertirlo en energía que me lleve a otros caminos, nuevos caminos, mejores caminos, y también en un lugar cerca de mi corazón donde guardo la lección de valorar lo que he encontrado y aprendido.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Jhon Grisham y la pena de muerte (agradeciendo a las pruebas de ADN)
Recién termine de leer el libro de John Grisham que lleva por título en español “El Proyecto Williamson”. Debo decir que es el primero del autor que he leído, de todos sus millones de copias vendidas alrededor del mundo, fue sólo hasta hace dos semanas cuando uno de esos ejemplares cayó en mis manos, y aquí me tienen.
Este relato no solamente me acompañó durante mi paseo por los Aeropuertos de Maiquetía y Santo Domingo (en San Cristóbal), sino también me hizo la espera del vuelo muy agradable: un tiempo para mí y para leer. Justo lo que quería.
El argumento es un clásico de los libros escritos por abogados de profesión. Un condenado a muerte que busca apelar a la corte y cancelar la sentencia. Sin embargo, no es ficción. La historia fue un suceso de la vida real acerca del cual Grisham se interesó y se documentó para realizar el libro. Comenzar a leerlo con esto en mente me puso en otra perspectiva, una más allá del hilo narrativo, del ritmo y de la fluidez con la que su autor cuenta la trama; me puso a pensar en la vida de un tipo que, no es un personaje, sino que es un hombre de carne y huesos, un ser humano, una persona que sufrió una falla del sistema judicial de su país, y lamentablemente lo pagó con 12 años de prisión, condenado a morir por inyección letal, en Oklahoma, EEUU.
Al preguntar qué se busca con la pena de muerte para castigar un delito, algunos me responderían que la finalidad es algo así como que, el culpable pague con su vida el crimen cometido, generalmente un asesinato despiadado a personas inocentes. En ese caso, se ajustan las cuentas con la familia de la víctima, ojo por ojo…, y se asegura el que no pueda volver a cometer un crimen. Además de que se le priva la posibilidad de enfrentarse con el sistema educativo de prisiones, lo cual siendo pragmáticos, en muchos casos significa solamente que se le quita la posibilidad de estar encerrado y con tiempo suficiente, para que la persona culpable se enfrente al juez dentro de sí misma, y su propia conciencia pueda llevarle a cambiar la decisión frente a lo que ha elegido para su vida. Se requiere de tiempo, aunque sea preso, para marcar la diferencia entre que una persona llegue a regenerarse o, persista al margen de la vida en comunidad, y en consecuencia llegue a aislarse más y más.
Yo estoy de acuerdo con el castigo para el culpable, y de esta forma pague lo que le deba a la sociedad, pero por qué la decisión de un alcalde, o de un gobernador que vela porque se cumpla la ley, debe ser condenar a muerte y no, por ejemplo, sacarlo de las calles de por vida, y retirarle su libertad para siempre. Por qué dentro del más perverso lado como seres humanos, algunas personas encuentran mayor fascinación con la muerte y exigen el máximo castigo inventado para un acusado, ¿Acaso creemos más en la muerte que en la vida?
Entonces, qué ocurriría en el caso de que el juzgado fuera inocente. Un caso de pena capital penetra hondo en la comunidad que lo vive, los vecinos, los amigos, los padres quieren castigo, necesitan un culpable, y todos estos también son electores, contribuyentes, ciudadanos pues. En cualquier caso, es perfectamente factible el que ocurra un error en cualquier juicio, pero en un juicio de esta naturaleza, los fiscales se podrían empeñar más aún en mantener el error a toda costa, para que la investigación de resultados, y produzca ese culpable que se necesita. No creo que en algún lugar del planeta exista esa sociedad infalible, siempre capaz de castigar al culpable y liberar al inocente, sencillamente porque somos humanos, cometemos errores y actuamos de acuerdo a circunstancias, intereses, etc. dependiendo del contexto y las personas involucradas. Por más que se busque justicia con buenas intenciones, un error en estas circunstancias significa también acabar con la vida de un inocente.
Cuando escribo de este tema, no puedo dejar de pensar en la idea ¿estaremos como humanidad queriendo corregir un error con otro error?
No estoy a favor de la pena de muerte, y dado que en Venezuela no está implantada en las leyes, sé que también escribo desde la comodidad que me otorga el que no haya casos que me muevan por la cercanía, pero en mi opinión, sólo tengo que ser una habitante del mundo para conmoverme con la historia de Ron Williamson. ¿Cuántos como él hay? Y más importante aún, cuántos no contaron con la sucesión de causalidades, por las que su expediente llegó a caer en las manos de los abogados que lo leyeron, y supieron preparar su caso para abogar en nombre de él. De forma tal que, para curarnos en salud y ser "justos", sería capaz de garantizar cualquier sistema judicial de una sociedad imperfecta (la venezolana, una europea, la sociedad estadounidense, etc) que se lleven a cabo juicios justos, apegados a la ley y a la verdad, siempre que sea necesario para que un inocente no tenga que presenciar el correr de su vida por un desagüe. Si no es así… ¿estamos dispuestos a pagar el precio?
El dinero compra casas, cancela las deudas, paga a los abogados, compra los tickets y paga las reservas en los hoteles. Sin embargo, cómo se desanda el viaje en la mente de una persona injustamente condenada y encarcelada. El dinero no pudo fabricar la máquina del tiempo con la cual echar atrás los relojes, para dejar a Williamson en su ya dolorosa vida de jugador de beisbol frustrado, recién divorciado. No existe máquina del tiempo Jueces, hay que andar con cuidado, y las disculpas y lamentaciones cuentan también con un límite de presentación.
Algunos juegan a ser Dios, y yo, durante el viaje leí, disfruté y, por supuesto, mientras esperaba también jugué Angry Birds (¡alcancé el nivel VIII!).
Para más información del caso Williamson, puede leer el libro y buscar en:
www.innocenceproject.org
viernes, 9 de diciembre de 2011
Esperar : Esperanza (y un cuento de navidad)
-Mmm... ¿Qué hora es? ¿Ya van a ser las doce?... ¿Cuánto falta?...
-¡Cuántas preguntas Marian!, tienes que esperar, apenas son las diez.
-Tengo sueño, por qué esperar a que sean las doce para que llegue el niño Jesús, y para comer… ¡tan tarde!
-¡Porque el niño Jesús llega a Caracas a las doce en punto!, tiene muchas casas que visitar.
-mmm…-digo otra vez, ya sin consuelo.
Mi espera era diferente, siendo niña no me divertía mucho con la monotonía de arreglar la casa o preparar la mesa, no tenía responsabilidades, ni compras que hacer, y con el tiempo por delante, que largas se me hacían esas veinticuatro horas. La diferencia de esperar ese día en particular, que ya era de lejos, el más largo de todo el año, la marcaba una simple razón: ¡Quiero que sean las doce para recibir los regalos del niño Jesús! (¡Qué más da lo que sirvan los adultos para comer!... ya tendré tiempo para estar en desacuerdo y cambiar las horas de la cena en mi familia).
Los recuerdos se abren paso nuevamente hoy en mi memoria, como el olor que se desprende de su hoja de plátano, al escurrir una hallaca después de calentarla, sobre una olla con agua hirviendo. Ese sello venezolano en su punto de ebullición, que deleita a más de uno por el mes de diciembre de cada año. Recuerdo esa mezcla natural de olores en la cocina, el dulce de las pasas con lo salado de la aceituna sobre mi lengua; ver a mecha ocupada en la cocina entregada a su placer de cocinar el pan de jamón, su querido pan de jamón, recuerdo también lo que era pasar un día entero pensando si se cumplirían mis peticiones, si ese niño recién nacido sería tan detallista y tan poderoso para llegar a saber cuáles eran cada una de las cosas que le pedía por escrito, y los lugares exactos donde las podría encontrar.
Recuerdo enredarme entre preguntas sin una única respuesta, y perderme hasta rendirme entre dudas tan razonables, como por ejemplo: ¡cómo hace para llegar a todas las casas al mismo tiempo!, porque efectivamente al mismo tiempo llegaba, tan pronto yo confirmaba mis regalos, mis primos en sus casas, fuera de caracas, también recibían los suyos, y por esos días yo nada sabía del principio de incertidumbre, y era feliz sin saber las probabilidades reales de estar al mismo tiempo en dos lugares distintos.
Salí corriendo a buscar debajo de mi cama. Me trajo lo que pedí, dije al fin, la espera se terminó y sentí alivio al confirmar que, aparentemente, el sistema de las cartas funciona -pensaba complacida con el cassette de betamax, titulado “LOS ÚLTIMOS HÉROES” del grupo Menudo, entre mis manos-. Esa es la magia de satisfacer un deseo. El concierto de mi grupo favorito era mío. Así los quería para que, de ese año, el único regalo que recuerde sea esa cinta de video.
Ni aún con el paso de los años he podido borrar esa imagen, ni los olores, ni los recuerdos de esas primeras navidades creyendo en un deseo. Así de fuerte perdura la sensación de una espera que ha valido la pena. Que bella foto esa la de los chicos de Menudo, cierro los ojos hoy y es suficiente para verlos bajando las dumas de los Médanos de Coro, con actitud de galanes-buenotes-sobraditos, y que guapo Sergio con su chaleco de cuero sobre su pecho sin camisa (bueno, esa última línea no es tanto así como un recuerdo, jajaja).
El tiempo siguió su curso, y llegó otro veinticuatro de diciembre, en el que mientras esperaba, compartía con unos niños de mi edificio sus fuegos artificiales, y allí fue cuando le escuché a una de mis primas decir: ¿Ustedes saben que el niño Jesús no existe…o no? Los regalos se los compran sus padres, sentenció.
-¡Ploos!- Se escuchó un ruido tremendo. Y el cielo se pintaba con luces amarillas, rosadas, rojas, que se abrían paso en medio de la noche, como los pétalos de una flor que se deshoja poco a poco, hasta terminar en un tímido resplandor blanco que cae desde lo más alto del cielo. Pétalo a pétalo como una ilusión.
-¡Qué es esoo!, ique quién dice- Dijo alguien más. Yo no pude hablar, quería perder mi mirada en la profundidad del cielo y alcanzar las manecillas del reloj del tiempo del mundo y devolverlo al momento justo antes de escuchar esa frase.
Si, repitió. No fue suficiente decirlo una vez, lo volvía a decir. Y ahora que escribo estas líneas recuerdo también que lo decía orgullosa. Como si fuera verdad que al crecer e ir dejando de ser niña, hay personas que se llenan de armas y creen tener el poder para quebrar las ilusiones de los demás, niños o no, de todos aquellos que todavía sueñan.
Lo del reloj no funciono, no existía algo así como un reloj superior que pudiera controlar el tiempo en la vida de todos (al menos no lo encontré por esas fechas). Lo cierto es que al llegar de nuevo al apartamento, mi prima me llevo hasta el armario donde sabía que su padre había guardado sus juguetes. No podía creer lo que veía (no quería creerlo), pero mientras tanto allí en ese cuarto yo todavía buscaba algunas justificaciones, esto tiene que ser un error, pueden ser otros regalos.
Lo amargo y lo dulce de un sabor, hasta ese momento, desconocido para mí se mezclaban en mi garganta. La espera no podía ser peor esta vez, que importa la cena, lo repetido de la hallaca. Yo quiero cenar con mi ilusión intacta ¡Que me la devuelvan! Nadie me preguntó si quería saberlo, ella sin más ni más lo soltó a los oídos de todos nosotros, los otros niños que no sabíamos, indolente.
-Llegaron los regalos Marian, corre al cuarto- dijo mecha.
Fui por los míos, y al acercarme a su cuarto me detuve a ver desde la puerta, no quería dar un paso más hacia adelante, desde allí la realidad, tal cual un gas asfixiante, ocupaba todo el espacio alrededor, y yo no quería entrar para ver a mi prima destapar sus regalos. Si esos mismos, los del armario, con el mismo papel del envoltorio que había visto, los mismos motivos. Todo era igual. No podía ser un error, era la verdad.
Después de un golpe como ese, hay que definir la navidad nuevamente. Es nuestro deber como adultos. Tiene que cobrar sentido para cada uno dentro de nosotros, en el interior de lo más profundo de nuestros corazones, tiene que ser una definición nuestra, sólida y duradera… que se mantenga por el bien de la humanidad. Por mi parte, yo jamás menciono esa verdad delante de los niños. Voy por la vida preguntando a todo niño católico qué le pidió al niño Jesús, y aún me emociono al ver las cartas en las casas, junto a los arbolitos o a los pesebres. El papel dobladito con las letras que no se entienden, con las vocales recién aprendidas, o con las listas más elaboradas, todo eso junto para pedir el nuevo juguete de la temporada. No se trata del regalo, ni del costo. Sino de la ilusión que se guarda en un papel a la espera de ser cumplida. Del día que se comienza esperando a que se termine, de la espera a que llegue esa hora en particular y así dar fin a la tensión, y que después de ese día estemos confiados en que el ciclo vuelve a empezar. Se trata de los envoltorios que se rompen a todo gusto para develar el misterio y saber si nuestros deseos fueron escuchados. En este caso por otro ser, que también es niño, y viene a ayudarnos hasta que seamos capaces de cumplir nuestros sueños y anhelos por nosotros mismos.
Yo definí mi navidad, hoy ya con veintinueve años, y algunas pruebas del tipo ensayo y error, aprovecho ese día para hacer cosas que me gustan, y llenarlo de momentos inolvidables. Sé que me gusta ir un rato a la playa, a contemplar ese paisaje, quizás será que intento descubrir si existe alguna conexión entre lo mágico y la inmensidad de ese vaivén del mar, con la importancia de alimentar nuestras ilusiones, que las imagino como las olas en esa gran masa de agua, que se nutren de otras olas, y se forman, se elevan, se rompen... y seguirán vivas, mientras exista una ola que se vuelva a formar. Descubrí que es un placer para mí quedarme sentada a mirar el mar, así que... por qué no tomarme un día especial para ello, además así me alejo de los centros comerciales y del tráfico de la ciudad.
No tengo idea la etimología y me salto esa formalidad de la lengua, pero para mi es clara la relación de la palabra esperar con la esperanza, por el significado que le imprime a mi historia, y a mi vida. Hoy no dejo de lado la tradición a la hora de comer, aunque trato de balancear la ingesta calórica, desayuno pan de jamón, almuerzo hallaca y de cena puede ser alguna ensalada… si es cierto, ya no tengo nueve años, pero sí que los recuerdo.
Y a encender esos fuegos artificiales, para que se unan a la celebración de la vida ¡con precaución!
Mariana
(Especialmente a Mecha, quien por estas fechas y siempre, ilumina todos mis recuerdos)





























